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Introducción Histórica

Los primeros indicios de asentamiento humano se encuentran en el castro de las “Coronas de Tardepanes”.
Se encuentra este municipio enclavado en el territorio ocupado por el pueblo astur. Dada su proximidad geográfica a la ciudad de Astúrica Augusta, Astorga, es muy probable que fuese la “gens” astur de los Amatos la que tuviese su asentamiento en éstas fértiles vegas dominadas por el castro de Tardepanes.


La organización social astur más básica es la familia. La suma de varias familias formaba una gentilidad (gentilitas). varias gentilidades forman una gente (gens). Un grupo de gentes forman un pueblo, el pueblo astur.

La recogida de frutos salvajes (bellotas, castañas,), la agricultura, la ganadería, la caza y la pesca son la base de su precaria economía de subsistencia, y cuando se producen excedentes se organiza un comercio de trueque.

Pero también explotaron la minería y dominaron la orfebrería. Aunque no cuentan con una gran organización militar, su valentía y su amor a la libertad, hizo que roma tuviese que emplear lo mejor de su potente aparato militar para poder disponer de estas tierras rebosantes de oro.

El pueblos astur, pueblo de escasa vida urbana, se organizaba en pequeños asentamientos llamados castros. Para formar un Castro se elegía un lugar dominante, un promontorio, al que se dotaba de defensas, murallas de piedra o terraplenes de tierra muy inclinados, y dentro se construían una serie de cabañas circulares de piedra techadas con escobas, tapines o paja. El único asentamiento astur al que se puede conceder el reconocimiento de ciudad es, por su estructura, un Castro de mayores proporciones

El sometimiento, el año 19 a C., de cántabros y astures, culminó la conquista de la Península Ibérica por roma. Doscientos años hubieron de emplear las legiones romanas en someter a la totalidad de los pueblos hispanos. Y fueron los pueblos que habitaban el noroeste de la península los últimos en ser dominados por las armas.

Razones de estrategia militar, buscando fronteras naturales infranqueables para los enemigos de roma, fueron las exhibidas por Augusto para completar la conquista de Hispania. Pero las tierras rebosantes de oro del noroeste peninsular fué la verdadera causa de que Roma pusiese todo su empeño en asentar en éllas sus campamentos, donde perduraron hasta la caída del imperio.

La presencia romana en el actual término municipal de Llamas de la Ribera queda patente en su toponimia, pero sobre todo, en las cicatrices que la explotación de oro dejó en las médulas de Villaviciosa.

Cuando César Morán recorrió, a principios del presente siglo, la provincia de León, recogió en Villaviciosa una curiosa leyenda titulada el “Rey de las Médulas”. Es esta leyenda la explicación popular a la existencia de los canales que tienen su inicio en las tierras de Ponjos y llegan a su fin en las médulas de Villaviciosa. Aún hoy pueden apreciarse los restos de tres canales que eran imprescindibles para traer el agua con que extraer el oro.

También aquí, en Villaviciosa, mantienen la tradición popular una explicación a la existencia de un elevado número de castaños en su término: las castañas eran el alimento más económico y nutritivo para el sostenimiento del elevado número de esdavos que necesitaban las explotaciones auríferas romanas

Hoy se sigue extrayendo oro en el vecino municipio de Las Omañas.

La rentabilidad de estas explotaciones de oro impuso la creación de una extensa red viaria por la que evacuar los recursos mineros, facilitando la rápida intervención militar, en caso de surgir conflictos. Una calzada romana discurría paralela al río Orbigo cruzando el actual término de Llamas de sur a norte, hasta las inmediaciones de San Román de los Caballeros, donde se dividía en dos ramales. Uno salía del termino en dirección a Secarejo, para continuar en paralelo al río Luna y, salvando el puerto de la Mesa, internarse en Asturias. El otro, pasando por Villaviciosa, discurría paralelo al río Omaña hasta Rioscuro, desde aquí se dividía en varios ramales que facilitaban el paso a Asturias por los puertos de Cerredo, Leitariegos y Somiedo; por el ramal que cruzaba Babia de Este a Oeste, enlazaba en Puente Orugo con el ramal de Luna, facilitando el acceso a los puertos de la Mesa y Ventana. Se unía esta calzada en Hospital de Orbigo a la que unía Astorga con León. En León, campamento permanente de la Legio VII Gemina, enlazaba con la vía que unía el campamento con Italia saliendo de Espaiia por la Junquera.

Buena parte de las actuales carreteras se asientan sobre antiguas calzadas romanas, esto es lo que sucede, en opinión del catedrático Manuel Abilio Rabanal, con la carretera que une Vilaviciosa con Las Omañas.

En “Los Fueros de León”, obra del historiador leonés Justiniano Rodríguez Fernández, conocemos una confirmación que hace en Burgos la infanta doña Blanca, en fecha 15 de julio del 1.271, de un fuero que fué dado por su abuelo, el rey Alfonso, y por la reina Elvira al Concejo de Valdellamas (Llamas de la Ribera).

Se establecen los límites de la jurisdicción, y enumera los derechos y deberes de los habitantes del Concejo, así como de los forasteros. Pero lo más importante es que por este documento se concede o confirma al Concejo de Valdellamas jurisdicción propia, libre de señorío, laico o eclesiástico, con la única obligación de pagar como único tributo o impuesto el ‘yantar’ correspondiente a la Corona

El Concejo de Valdellamas, con cabeza de concejo y capital en Llamas de la Ribera, lo completaban los lugares de: Azadón, las Omañas, Paladín, Pedregal, Quintanilla de Sollamas, San Román, Santiago del Molinillo, Secarejo y Villaroquel.

Pero la riqueza de esta ribera donde la abundancia de agua se sumaba a la fertilidad de la tierra, no podía pasar desapercibida a la codicia de la nobleza.

Desconocemos en que fecha Llamas y su tierra, el Concejo de Valdellamas, dejó de formar parte del patrimonio real para incorporarse al patrimonio señorial, pero el hecho es que sucedió.

En 1354 el Concejo de Valdellamas pertenecía al señorío de don Juan Alfonso de Benavides.

El año 1366 el rey don Enrique II entrega en señorío el Concejo de Valdellamas, junto con otros lugáres, a Juan González de Bazán, señor de La Valduerna. Al casar doña Juana, su hija, con don Pedro Suárez de Quiñones, González de Bazán dona al Quiñones, como dote de este matrimonio, el Concejo de Valdellamas, además de el cillero de Turcia y Armellada, Velilla de la Reina y el castillo de Aguilar. Es así como se incorpora Valdellamas al señorío de los Quiñones, más tarde Condes de Luna.

Pero es en el año 1408 cuando se incorpora definitivamente al patrimonio de la Casa de Quiñones, en cumplimiento de la sentencia real dictada por resolución al litigio que por estos lugares mantuvieron doña Día Sánchez de Benavides, que los reclama como suyos, y don Diego Fernández de Quiñones I, que los hereda de su tío don Pedro Suárez de Quiñones.

Hasta la desaparición de los señoríos, pertenece el Concejo de Valdellamas al Condado de Luna, título concedido a don Diego Fernández de Quiñones II el año 1.462 por el rey don Enrique IV.

Llegada a su término la administración señorial en España para dar paso a la administración municipal, pasó Llamas a ser cabeza de un amplísimo Ayuntamiento compuesto por los lugares de: Carrizo, la Milla, Huerga, Quiñones, Quintanilla de Sollamas, San Román de los Caballeros, Villanueva de Carrizo y Villaviciosa.

Posteriormente esta extensa jurisdicción administrativa se dividió etí los actuales Municipios de Llamas de la Ribera y Carrizo de la Ribera.
 

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